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Asistir al teatro en Xalapa siempre ha sido un acto de resistencia, pero lo vivido este fin de semana en el recinto Área 51 Foro Teatral trasciende la mera contemplación artística. La puesta en escena Una buena madre, escrita, actuada y codirigida por la brillante actriz Guadalupe Damián (egresada del prestigioso Centro Universitario de Teatro de la UNAM), se presentó en una corta pero fulminante gira del jueves 25 al domingo 28 de junio de 2026.
XALAPA, VER.– Asistir al teatro en Xalapa siempre ha sido un acto de resistencia, pero lo vivido este fin de semana en el recinto Área 51 Foro Teatral trasciende la mera contemplación artística. La puesta en escena Una buena madre, escrita, actuada y codirigida por la brillante actriz Guadalupe Damián (egresada del prestigioso Centro Universitario de Teatro de la UNAM), se presentó en una corta pero fulminante gira del jueves 25 al domingo 28 de junio de 2026. El resultado fue una sacudida al alma colectiva, un golpe de realidad envuelto en un precio de taquilla ridículamente económico para la descomunal calidad entregada.
La premisa arranca de forma casi inocente: Mariana, una madre aparentemente abnegada, prepara panqués de arándano mientras conversa con el público. Sin embargo, la apacible atmósfera se quiebra por completo cuando su hijo es detenido, acusado de un crimen atroz y violento.
A partir de ahí, la obra se adentra sin piedad en terrenos pantanosos de la psique social: cuestiona los claroscuros de la maternidad, el amor que asfixia, la sobreprotección y, de manera cruda, el rol y la responsabilidad que ciertas madres y la estructura familiar patriarcal tienen en «hornear» a individuos que agreden, violentan y matan a otras mujeres. Un tema que, en pleno 2026, sigue siendo un tabú incómodo pero urgente de desmenuzar.

Hablar de la interpretación de Guadalupe Damián es hablar de un virtuosismo escénico que se ve pocas veces. El unipersonal exige una resistencia física y emocional extenuante, pero Damián la domina con maestría.
Lo verdaderamente impactante —y lo que dejó al público xalapeño con el corazón en un hilo— fue su capacidad para transitar de forma instantánea entre su personaje principal y las diversas voces que hilaban el relato. Sin necesidad de grandes artificios escenográficos, con la pura precisión de su lenguaje corporal, el cambio en el tono de voz y una mirada fulminante, la actriz construía y destruía mundos en un segundo. Es una transición tan orgánica y veloz que raya en lo hipnótico; una muestra de la excelsa escuela del CUT de la UNAM y de una madurez artística impecable.
Ver un trabajo de esta envergadura por un costo de boleto tan accesible es un regalo, pero también una llamada de atención sobre lo mal que valoramos el trabajo de los creadores independientes.
Lamentablemente, el agasajo artístico de Una buena madre se vio cobijado por la nostalgia y la indignación. La obra se presentó en Área 51 Foro Teatral, un espacio que durante 12 años se consolidó como un pilar imprescindible para el teatro independiente en Xalapa, sirviendo de plataforma para compañías locales, nacionales e internacionales.
Hoy, ese bastión de la cultura se encuentra en una de las crisis más severas desde su fundación. Los socios del foro se han topado con pared ante la ausencia de apoyos institucionales y, peor aún, ante las condiciones adversas y fiscales que el propio gobierno ha creado. En lugar de incentivar y proteger a los recintos culturales que sostienen el tejido social de la ciudad, las políticas públicas los asfixian con trabas burocráticas y nulo presupuesto, empujando a los fundadores a la dolorosa posibilidad de bajar el telón de forma definitiva.
Cuando un espacio como Área 51 se ve obligado a cerrar, no solo se apagan las luces de un escenario: se corta la formación de nuevos públicos, se precariza el trabajo de creadores como Guadalupe Damián y se silencia el pensamiento crítico.
Una buena madre nos recordó este fin de semana de lo que es capaz el gran teatro: incomodar, cuestionar y conmover. Queda en el público xalapeño seguir cobijando estos proyectos y exigir que las autoridades dejen de asfixiar los pocos oasis de libertad y arte que le quedan a la capital del estado.